"HABITUAL, Pieza 2" Primeros acercamientos a la estética de las prácticas laborales.
- Vania Antonia
- 6 oct 2016
- 2 Min. de lectura
Alto Hospicio, Tarapacá, Chile, 2014
Recorridos para "HABITUAL" exposición conjunta con artista Jo Muñoz, para Galería Temporal.

Vivir "arriba" presenta un simbolismo socio económico consensuado de mayor estatus. Pero cuando ese cambio a la altura ha sido producto del desplazamiento forzado de una población humana ya periférica hacia la periferia absoluta, esta analogía ya no funciona para nosotros.
En 1985, debido al explosivo crecimiento demográfico de la ciudad de Iquique, producto en gran parte por la zona franca, se comienza a ver con mayor preocupación la gran cantidad de poblaciones en las cercanías de los núcleos comerciales que, sin duda, bajaban la plusvalía de los terrenos y todo su circuito. Por esto, se decide trasladar a sectores completos hacia "arriba"; Alto Hospicio.
Se llevan a cabo los operativos de manera forzada y desordenada, sobre todo al principio. Según relatos, esto se hacia muchas veces de noche y en camiones militares y, claro está, sin haber construido previamente un plan habitacional en la nueva localidad, en donde dejar instaladas a las familias, en plena pampa hospiciana.
Se definen así, la toma de terreno y la autoconstrucción (nombre además de la más grande población del sector) como estrategias casi oficiales de urbanidad.
Abajo, entonces, queda Iquique. Arriba, sobre la cordillera de la costa, queda un nuevo territorio, complejo y desordenado que hasta hoy, sigue intentando consolidarse.

Como los puestos de trabajo quedaron abajo, Alto Hospicio se sitúa como, lo que llamamos, una comuna "dormitorio".
El comercio que comienza a surgir es espontáneo y atiende a necesidades domésticas, está a cargo mayormente de mujeres, debido a que son los hombres los que bajan a buscar trabajo a Iquique (también por esto se atribuyen tareas como la construcción de las viviendas y la búsqueda de agua a las mujeres de las familias).
Todo funciona en una dinámica ferial.
Por todo esto, y aún cuando han pasado muchos años, es que quizás siga llamando tanto la atención la dinámica del comercio hospiciano. Completamente ecléctico, lleno de influencias extranjeras, aún demasiado doméstico. Además, no se consolida en la localidad lo que denominaríamos un "centro comercial", parece no ser necesario.
De lunes a viernes, y para quienes quedan circulando arriba, funcionan prácticas laborales específicas y casi atemporales, que sólo parecen cobrar sentido en un territorio como éste, muchas actuales, pero llevadas casi a la artesanía como camino alterno, aún sin intención de serlo, a lo monopolizadas que puedan ser en otros territorios.
Los fines de semana, cuando todos han vuelto a subir, el comercio ferial se desborda, volviéndose el centro neurálgico de la comunidad, donde en definitiva todo se puede encontrar, generándose dinámicas dialogantes entre todos y todas las habitantes, quedando el aspecto y la instancia comercial demarcada casi como un rito social, y configurándose como el centro democrático real de todo un territorio.
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