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Cuénteme algo

  • Foto del escritor: Vania Antonia
    Vania Antonia
  • 6 oct 2016
  • 3 Min. de lectura

Residencia "Del Campo a la Mesa" Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Manizales

septiembre 2016 "Cuéntele que esta ciudad era más nubá hace muchos años atrás. Uy, a esta hora no se veía. Todo era nubao. Hace años, treinta años atrás. Esto era nubao. A esta hora, pues qué, media cuadra.... el resto era nubao".

Relato recolectado en parque Francisco José de Caldas.

Cuando me invitaron a hacer esta residencia, y viendo que era un lugar desconocido para mí, reafirmé la idea de que no podía generar un proyecto desde la suposición, pero que más allá de llegar al lugar para decidirlo, lo que me inquietaba era generar una práctica artpistica que en sí misma fuera un medio para comprender ese territorio. De esta forma, y como un proceso natural, surge la oralidad como una forma más honesta de conocer un lugar nuevo; el habla del otro, el contarte cosas de su lugar. 1° HITO El relato. Lo primero iba a ser la escucha, recopilaría relatos de cualquier persona en la ciudad que quisiera contarme algo. Ante la invitación, "cuénteme algo" algunas personas, sobre todo del centro, se abren a conversar. Desde la escucha del otro se genera el espacio de conocimiento. En nuestra sociedad se habla de una oralidad casi extinta, sin embargo esta allí, en los mismos espacios quizás donde siempre ha estado. Enfrentada en algunos casos a obstáculos como la sospecha o la autocensura. Pero lo cierto es que generar ejercicios de escucha hacia la oralidad de un otro, me abre campos de conocimiento bastante amplios, quizás objetivos. Se trata de entender el territorio desde la mirada de otro, sin mis propios prejuicios ni predisposiciones. Cuando escucho a una persona hablarme de algo, escucho también lo que hay detrás, su historia, su contexto, un lugar donde yo no intervengo.

2° HITO La transferencia Como en todo espacio de oralidad, incluso en la más contemporánea, debe haber alguien que escuche. En este caso soy yo, sin embargo pretendí que este círculo no se cerrara en mí, sino que siguiera agrandándose; que otro pudiera escuchar y a su vez pudiera decir. Ese otro receptor iba a ser un escriba que trabajaba en el centro, calle 24, quien en su trabajo acostumbra a escuchar y transcribir lo que otros le dictan; cartas oficiales, currículums, cartas de amor. Su carácter de intermediario en la comunicación calzaba justo para esta acción.

Entonces, yo dicto (los relatos recopilados) y el escribe, y lo que sale de allí se devuelve en forma de texto al mismo centro de la ciudad, para que otros puedan leer.

La idea de armar todo este juego tiene que ver mucho con el hecho de que el lenguaje constituye realidad y sociedad. Lo que decimos, nunca es gratuito, sino que tiene que ver con quienes somos y desde qué lugar hablamos. Por eso cuando se generan estas acciones desde el entendimiento del territorio, surge en mí la necesidad de comprenderlo así, desde el otro. Más que nada evidenciando aquello que ya está y que la acción vaya en función de articularlo. El territorio no es sino el cúmulo de inter relaciones que se dan en torno a una geografía. Es el ser humano (no solo, sino con otros) quien transforma el paisaje en territorialidad.

"La soledad de la palabra Las múltiples lecturas que deja este video de escasos minutos es elocuente. Particularmente veo allí una manera de rescatar la palabra, mostrarla, visibilizarla y entregarla a los mismos en un formato reconocible pero a ratos invisible. La voz inicial sobre el fondo negro de la pantalla me descoloca. Acostumbrados como estamos a la primacía de la imagen inevitablemente me hace suponer una falla allí donde hay una intencionalidad, la irrupción de los sonidos sobre la negritud o vaciedad del entorno me lleva a reconocer lo único vivo, lo único de valor, la palabra, ese conjunto de sonidos articulados que busca ser reconocido como el germen de la comunicación, entidad tan escasa hoy en día dado que el emisor y el receptor van mayoritariamente por vías distintas. Hay un segmento donde las voces, como en la mítica Babel, no se dan a entender, todo es un murmullo que ahoga, nada más parecido a la sociedad actual. Y luego la irrupción de ese maravilloso eje que transforma esos sonidos articulados en una representación gráfica que será pegada en los muros para desacostumbrar los ojos y hacerlos partícipes de su propia esencia, y nada más elocuente que ese hombre que se devuelve para leer lo escrito aparentemente a un tercero. Vocaliza lo que alguien ya hiciera y que posteriormente es llevado a una representación gráfica. Cierre sencillo y por lo mismo espectacular de una experiencia prodigiosa. "

Osvaldo Caro Sáez






 
 
 

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